Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Fiorín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rodrigo Fiorín. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de junio de 2014

EL HOMBRE MÁS CHIQUITO DEL MUNDO

de Rodrigo Fiorín

El hombrecito más chiquito del mundo está parado arriba de la mesa y sufre. No por estar parado donde está sino porque nadie escucha sus gritos. Las navajas no lo cortan, las sogas se resbalan en su ausente mentón y la más pequeña de las pastillas lo sobrepasa.
El hombrecito más chiquito del mundo no puede ir al zoológico. Lo ha intentado más de una vez y no lo disfruta. Tantos ruidos de tantas vidas diferentes lo ponen de mal humor. Los seres que son tan chiquitos como él andan libres, de a miles, en complejas sociedades. Más de un suspiro se le ha escapado mirándolos desde lejos.
El hombrecito más chiquito del mundo estuvo enamorado de una mujeruna vez. Las suelas de sus zapatos eran rojas y su voz se oía melodiosa, quizás un poco afónica, pero definitivamente se oía. Trató de grítale su amor con todo el aire que le permitían sus pulmones. Recobró la conciencia a los 45 minutos y la mujer de las suelas rojas se había marchado hace mucho.
El hombrecito más chiquito del mundo sueña con esconderse en un diente de león para que alguien lo sople. También sueña con meterse por los agujeros de un tomacorriente y tocar los extremos de un cable. Su peor pesadilla es irse por el inodoro, o despertarse en un lugar oscuro y desconocido. Una vez, voló en vaquita de San Antonio pero no le dijo a nadie lo que le había parecido. ¿A quién se lo podría compartir?
El hombrecito más chiquito del mundo añora no ser el hombrecito más chiquito del mundo, o por lo menos no ser el único y que haya otros hombrecitos y mujercitas en algún lugar del mundo cercano al suyo. Es una tarea harto difícil sobrevivir en el mundo siendo único y lograr que nadie te pise.

No es lindo ser el hombrecito más chiquito del mundo.

ACTO ÚNICO

de Rodrigo Fiorín

Un escenario vacío. Cubos multipropósito (4) esparcidos en él. Entra el músico, guitarra en mano y fogata voladora por encima de su cabeza. Se sienta en un rincón y la fogata baja rodeando en espiral al músico hasta quedar posicionada a un palmo del suelo.
Comienza la música. Es una mezcla de bossa nova con punk rock, unos toques de cover mal traducido y comino, siempre comino. En el fondo, apenas un ligero acento a concierto tributo.
Si para esta altura la gente del público no se fue,  entro yo: el protagonista.
Camino entre los cubos, buscando la idea, totalmente perdido. Miro al músico y sus orejas empiezan a llorar sangre amarilla, porque el rojo es un color demasiado fuerte. No hay nada ahí que me sirva. Meto las manos en los bolsillos en busca de una última esperanza. Encuentro una tira de papel, obscenamente larga; lo retiro y leo.
"SIEMPRE LO MISMO."
Una luz cenital aparece en el costado derecho del escenario. Un cubo se arrastra hasta allí por sus propios medios. Todo lo demás se esfuma en el olvido.
Finalmente hablo: “Solo. Solo estoy. Voy y vengo y no sé adónde quiero llegar. Avanzo 3 casilleros y retrocedo 6. El tiempo me sobra. El tiempo no me alcanza. No sé administrar mi tiempo. ¡Ayuda!”
Me desplomo sobre el cubo de manera sobreactuada.  Rebobino, vuelvo a caer, rebobino una vez más, caigo. ¡Bang! Accionan la máquina de humo y los láseres. Entra a escena el Espectro, que es 25% mi mamá, 25% mi papá, 25% mi hermana y 25% el gordo Casero.
Se me acerca y me toca el hombro. Abro los ojos y lo miro. Me canta acompañado por el oscilante ritmo de la guitarra. Tiene una voz suave, casi susurrante.  Su mano se mantiene por sobre mi hombro, ¿reiki o barrera? Entona algo que no son palabras ni ruidos ni tarareos. No sé qué carajo me quiere decir.
Finalmente, silencio.
“Nos conocemos.” Únicas palabras que emanan del cuerpo del Espectro.
Lo sé, muchas veces nos hemos visto y muchos rostros ha portado frente a mí. Esto ya se pone aburrido. Me quiero ir.
“No hinches las pelotas. No te necesito.- lo ataco- Para arruinarme la vida y la de los demás soy bastante autosuficiente. Mirá. -Me pego un cachetazo con todas mis fuerzas-Y hay más.-Meto la mano por mi ombligo,  me saco el apéndice cual curandero filipino y lo empujó en su pecho-  Llevatelo y no vuelvas por acá hasta seas necesario.”
Con la cabeza gacha, el Espectro se va a comer pochoclos a otro lado.

Pasa el tiempo. Hago un par de boludeces para entretener a la gente.
Canto "Presente" intentando que encaje en el ritmo que desarrolla el músico, cuento el chiste de los perros de Curro, hago un cambio de ropa como Mirhta en los Martín Fierro, les arruino a todos el final de Sexto Sentido diciéndoles que Bruce Willis está MUERTOOOO!!!!!
Hasta lo interesante. Hasta lo interesante. Hasta lo interesante…
Entra ella, a quién por propósitos prácticos llamaremos… mmm… Laura Lucrecia Romina Malena. Más conocida como Eva.
Movimientos sinuosos, pies descalzos, escote fuerte de esos que me gustan a mí.

Se acerca al músico y lo encara: “Si fuera tan amable por favor de intentar un cambio de ritmo. Uno decente, nada de pelotudeces. Algo que él y yo podamos bailar.”

¡La muy hija de puta quiere bailar!
Pues bien,  así lo haré, para que después no se diga que me ando con chiquitas y no puedo satisfacer a una mujer.
Me toma de la mano y allá vamos, a bailar.
Bailamos de parado, por adelante, por atrás, de perrito, en 69 y en flor de loto. Los cubos bailan uno en cada esquina del escenario, en un homenaje de bajo presupuesto a la película Fantasía. Cuando todo acaba (o por lo menos nosotros) la oscuridad íntima se hace presente. Siento que su mano sudorosa se desliza escapándose de la mía. La electricidad estática que conecta las yemas de nuestros dedos es suficiente para que el público vislumbre nuestras expresiones. ¡Cómo si en ese momento me importara un carajo el público!
Segundos, minutos y horas.  Nos eternizamos en un momento sin principio ni final. Una trampa.
Aire. Respiración. Presión en las sienes. Latidos. Fuego en los pulmones (en momentos como éste extraño fumar). Finalmente, la garganta se hincha.
Grito. Hago temblar mis pulmones como si vida dependiera de ello. ¿Qué estoy diciendo? Mi vida depende de ella. Temblando trato de moverme por el piso y me choco la cabeza contra un cubo. Suena un acorde de guitarra. Sigo buscando a tientas, cada vez más desesperado. Me reconforta saber que todavía están ahí.
Hay telas, purpurina, un puercoespín y un boleto de lotería sin premio en el medio de mi camino. Todo junto, porque así es este camino; discernir lo que me conviene es tarea exclusivamente mía. De repente, escucho risas. Carcajadas a montones.
 Me había olvidado de la presencia del público, cómo me enseñó mi primer profesor de teatro. Siguen ahí, testigos de una nueva vuelta de mi ciclo. Por sobre mi cabeza aparece una luz, un estúpido cartel luminoso con una única palabra escrita en él.
APLAUSOS
Los idiotas que hacen caso a todo lo que les diga un cartel aplauden y comienzan a irse. Me voy quedando cada vez más solo. La fogata del músico vuelve a prenderse. Luz y calor vuelven a tomar protagonismo. Yo estoy tirado en el piso como si fuera un desecho, un boceto, un retazo u otro montón de palabras que no suenen bien juntas. El conchudo del guitarrista abre los ojos, despega con lentitud los labios y de su boca sale ahora esa canción que me hace llorar.
Escondo la cabeza entre las rodillas justo cuando el último espectador abandona la sala.
Un papel picado, brillante y patético,  flota en el aire a destiempo.

TELÓN.

LERNA

de Rodrigo Fiorín

La Reina de las diosas desea nuestra desgracia. Pero no es eso lo que debe preocuparnos, sobrino mío. Aunque los dioses todos se dispusieran a favorecernos, nuestro destino siempre sería desdichado.
Ve, incendia el bosque y prepara cien tizones que ardan profundamente. El dragón que enfrentaremos tiene muchas cabezas. Algunos dicen que siete, otros juran que nueve. Y los oscuros habitantes del pantano me prometieron cien. La verdad es que su número es infinito, porque tan pronto uno las corta vuelven a crecer.
Por eso debes preparar los tizones y estar muy atento. Cada vez que yo corte una cabeza, acercarás la brasa al muñón sangrante y quemarás la herida hasta cauterizarla. Si los sabios del pantano no mienten, este proceder evitará el crecimiento de nuevas cabezas. Pero no estoy seguro. Alguien me ha dicho que entre todas ellas hay una que es inmortal y que seguirá en beligerancia, aún arrancada del cuerpo del dragón. Por eso deberemos enterrar profundamente cada cabeza cortada.
Debes tener cuidado. El pantano está lleno de ciénagas hambrientas. Otro peligro es el aliento del monstruo. De sus bocas numerosas proviene un hedor, cuya percepción es mortal para los hombres y para las bestias.
Algunos creen que el destino me será propicio sólo por ser hijo de Jove. Has de saber que la paternidad no significa nada para un inmortal. Sólo los que van a morir se ocupan de sus sucesores.
Maldito sea el nombre de nuestro primo, ese hombre cobarde e incompleto que se esconde dentro de una jarra.
Ve, sobrino, incendia el bosque. Las selvas ardientes agradan a Jove.
Eso sí, mira donde pisas. La diosa ha provisto al dragón de una ayuda rastrera: la alimaña que llaman Cárcino. Yo afilaré el harpe y juro que su filo será inexorable. Pero debes saber algo, joven amigo: todo es inútil. Tal vez podamos matar a la serpiente. Tal vez pueda yo librarme del yugo de mi primo cumpliendo las diez penitencias que los dioses le han autorizado a imponerme. Pero las desgracias son como las cabezas del dragón. Superada una, es sustituida por otra. Matar a la Hidra o no matarla da lo mismo. La victoria o la derrota no cambian nada.
Nuestra sola respuesta es el furor. No hay justicia posible. No hay paz razonable. No hay felicidad que no sea engañosa. Sólo existe la ira, que hace a los hombres parecidos a los dioses. Incendia ya mismo el bosque entero y quema especialmente los árboles que no has de usar. Asegúrate de que la inocencia no sea discriminada. ¡Ay de nosotros, Yolao! Matemos y que nadie conjeture el método de nuestra ferocidad. Perdonemos cada tanto, sólo para ser incomprensibles.

Quiero morir, quiero morir, Yolao. ¿De qué sirve vivir si uno no es un dios?

RAMÓN SÁNCHEZ, Q.E.P.D.

de Rodrigo Fiorín

anoche murió Ramón Sánchez…. el obituario del matutino de hoy reza algo así “Ramón Sánchez (????-2007) Amado esposo, compañero, amigo y confidente. Todos te recordaremos”…
hoy por la tarde Ramón Sánchez (el otro) le contará a su esposa haber leído en el diario que un tipo con su mismo nombre había muerto… más tarde se lo contará a su madre… y algunos días después, a su psicólogo… pero a ninguno le dirá que desde el día de aquella fatídica noticia está triste y tiene miedo… la tristeza le llega al notar que nadie , pero nadie, dirá de él lo que dicen de Ramón Sánchez (el muerto)… y el inmenso miedo que se apodera de él es debido a que por primera vez en su vida tiene una certeza…Ramón Sánchez murío… e inexorablemente está muriendo…

Julián y Mariano se juntan a comer ese viernes como casi todos los viernes… Mariano le cuenta a Julián que su antiguo compañero de secundaria, Ramón, murió días atrás… Julián aparenta indiferencia, pero no puede quitar de su cabeza una imagen… algunos años antes, Ramón, Julián y Mariano se sentaban a la sombra de un árbol con el único propósito de pasar las tardes… Mariano tocaba la guitarra, Julián cebaba mate y Ramón dibujaba…en el dibujo de Ramón, Mariano tocaba la guitarra y Julián tomaba mate mientras Ramón dibujaba… entre todas las hojas que Julián quemó el último día que asistió al colegio, ardían tres amigos que pasaban la tarde debajo de un árbol…